Se largó a llorar. No sabía bien por
qué. Sólo quería descargarse.
No
sabía si era por angustia, por impotencia, pura rabia o por ese maldito
auto-control que la ayudaba a comportarse perfectamente en situaciones donde
podría colapsar en cuestión de segundos..
Odiaba
esa etiqueta que le habían colocado de “la fuerte”: Por una parte, le resultaba
placentero que le remarcaran su fortaleza, pero por otro lado.. le pesaba
sentir que no podía derrumbarse.
Le
tiene asco a la dependencia, pero sabe perfectamente que siempre va a admirar
aquella hermosa sonrisa que podía levantarla de su más trágica caída, aunque de
esa misma boca hubiesen salido las palabras causantes de su dolor.
Era
su forma de ser, era simplemente.. ella. Una gran y pequeña contradicción
andante y emocional, a completa merced de sus sentimientos.
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