Tengo
esta entrada pendiente hace bastante, y creo que, es hora de, finalmente,
terminarla.
Para
ustedes tres, no tengo otra cosa para decir que no sea “¡Gracias!”. Y es que
sí: ¡Gracias!
Miles
de angustias, gritos, penas y rencores, se fueron con sus canciones. O al
menos, me ayudaron a alivianar la enorme carga que sentía en mis hombros. Estuve
tan mal, que me pasó lo peor que le puede pasar a un ser humano: Me perdí a
mí misma.
En
cada una de esas veces en las que no sabía quién era, recurría a su música, a
aquella misma canción de siempre, donde Charles me relata lo perdido y lastimado
que está él también, y, donde al final me cuenta que se volvió a encontrar y lo
maravilloso que se siente.
¡Y
yo también me volví a encontrar! Lo hice en cada oportunidad. ¡Incluso me
ayudaron a reflexionar! Por gente como ustedes, sigo acá.
Usualmente,
cuando nos sentimos perdidos, solos, cuando no sabemos a dónde ir, todos nos
refugiamos en algo. Algunos
se refugian en sus amigos, en su Dios, en su familia, y hay otros que se
refugian en la música, cómo yo.
La
música se vuelve esa compañía que ando necesitando, se convierte en ese alguien
que ando buscando que me entienda, y lo hace. Cuando toco fondo, se vuelve mi
razón para pasar los días, además de mi futuro, claro.
Así
que, muchísimas gracias por hacerme sentir tan bien desde hace dos años, y
mucho más agradecida estoy porque hayan sido mi sostén.

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