Se me hizo rutinario el saber cuándo creer, cuándo no; distinguir qué es lo que sí se va a llevar a cabo y qué es lo que no pasa de meras palabras. Me lo tomo a la ligera porque la costumbre me hizo aprender a llevarlo, me lo tomo con una sonrisa quizá, pero es un poco feo..
Siempre fantaseé con el mejor amigo de película. Ese con el que se tiene plena confianza (literalmente), con el que te conoces desde chiquitos, el que te defendería ante cualquiera, el que te cuenta todo a vos primero porque quiere que sepas y porque, obviamente, sos su mejor amiga.
Como pasé casi toda mi vida siendo introvertida (aún más que ahora, muchísimo más), pensé que nunca iba a tener uno. Me equivoqué, tuve dos. Pero con ninguno conseguí ese modelo que estaba (y que inconscientemente seguro siga) buscando, siempre hay algo que pone un freno.
Vi como con otras personas sí lo conseguían en el momento en el que empezaban a quebrarse sus lazos conmigo, entonces deduje que claramente el problema era yo. Pero, ¿qué haces cuando dando lo mejor de vos, sentís que no alcanza? Porque no hay nada más feo que sentir que ya no estás alcanzando las expectativas de alguien que, a su vez, está dejando de alcanzar tus expectativas también. No hay cosa más frustrante que ver una relación que valoramos, desmoronarse (el tipo es irrelevante, sea amorosa o de amistad, duele de todas maneras), dejándonos entre las manos poco más que un par de recuerdos y millones de interrogantes.
¿Que con qué me quedé? Pf. Me quedé con recuerdos que ahora no distingo de verdades o mentiras, me quedé con arrepentimientos, me quedé con frases, con gritos, con abrazos, con muchas enseñanzas, con un "vos no te merecés esto, te juro que voy a parar" entre lágrimas, con una charla pendiente fundadora de una deuda que jamás vamos a saldar, con un "te dije que no te iba a dejar sola, y al final, eso terminé haciendo, pido perdón", con promesas rotas, con el ideal de un modelo que perseguí y jamás encontré, y con una confianza que de tantas veces que fue defraudada, se le fueron las ganas de buscar otro que ocupe ese lugar.
Me quedé con dos noches y dos mañanas de ojos hinchados. Me quedé con un dos de abril, un cinco de marzo y un veintitrés de julio que todavía no se me olvidan.
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