
"[...] Lo siento, pero tengo que parar de escribir ahora esta carta.
Aunque antes quería darte las gracias por ser una de esas personas que escucha y comprende y no intenta acostarse con la gente aún pudiendo hacerlo. Lo digo en serio, y siento haberte hecho pasar por todo esto cuando ni siquiera sabes quién soy porque prometí guardar todos aquellos pequeños secretos. Es sólo que no quiero que pienses que escogí tu nombre al azar en la guía telefónica. Me moriría si pensaras eso.
Así que, por favor, créeme si te digo que me sentí fatal cuando Michael murió, y que vi a una chica en clase, que no se dio cuenta de que yo estaba ahí delante, y que estuvo hablándole mucho de ti a una amiga suya. Y aunque no te conocía, sentí como que sí, porque me pareciste una buena persona. El tipo de persona a la que no le importaría recibir cartas de un chico de un instituto. El tipo de persona que comprendería que son mejor que un diario porque en ellas hay comunión, y un diario puede ser descubierto. Pero no quiero que te preocupes por mí, o que pienses que me has conocido, ni que sigas perdiendo el tiempo. Siento mucho haberte hecho perder el tiempo porque la verdad es que significas mucho para mí y espero que seas muy feliz en la vida porque de verdad creo que lo mereces. De verdad lo creo. Espero que tú también lo pienses. Bueno, pues ya está. Adiós.
Con mucho cariño,
Charlie.
23 de agosto de 1992.
Querido amigo:
[...] Mi médico me contó la historia de dos hermanos cuyo padre era muy alcohólico. Un hermano se convirtió de mayor en un próspero carpintero que nunca bebía. El otro hermano acabó siendo un borracho perdido como su padre.
Cuando le preguntaron al primer hermano por qué no bebía, dijo que después de ver lo que la bebida le había hecho a su padre, nunca había podido ni probarlo. Cuando le preguntaron al otro hermano, dijo que creía que había aprendido a beber en las rodillas de su padre. Así que supongo que somos quienes somos por un montón de razones. Y quizá nunca conozcamos la mayoría de ellas. Pero aunque no tengamos el poder de elegir de dónde venimos, todavía podemos elegir adónde vamos desde ahí. Todavía podemos hacer cosas. Y podemos intentar sentirnos bien con ellas.
Creo que si alguna vez tengo hijos y están disgustados, no les diré que la gente se muere de hambre en China ni nada parecido porque no cambiaría el hecho de que estén disgustados. E incluso si otra persona lo tiene mucho peor, eso realmente no cambia el hecho de que tú tienes lo que tienes. Bueno y malo. Como lo que mi hermana dijo cuando yo llevaba ya una temporada en el hospital. Dijo que estaba muy preocupada por ir a la universidad, y en comparación con lo que yo estaba pasando, se sentía muy tonta. Pero no sé por qué se iba a sentir tonta. Yo también estaría preocupado. Y en serio, no creo que yo lo tenga mejor ni peor que ella. No sé. Es diferente. Quizá sea bueno poner las cosas en perspectiva, pero, a veces, creo que la única perspectiva es estar allí de verdad. Como dijo Sam. Porque está bien sentir cosas. Y ser tú mismo al respecto.
[...] Cuando volvimos, llamé a casa de Patrick porque había dicho que Sam estaría de vuelta por entonces. Sam contestó al teléfono. Y fue muy agradable volver a oír su voz.
Más tarde, se pasaron por casa en la camioneta de Sam. Y fuimos al Big Boy igual que hacíamos siempre [...] Después de irnos, nos subimos en la camioneta de Sam, y como Sam me había prometido, nos dirigimos hacia el túnel.
Alrededor de un kilómetro antes de llegar al túnel, Sam paró el coche y yo me subí detrás. Patrick puso la radio muy alta para que yo pudiera oírla, y mientras nos acercábamos al túnel, escuché la música y pensé en todas las cosas que la gente me había dicho durante el último año. Pensé en Bill diciéndome que yo era especial. Y en mi hermana diciéndome que me quería. Y mi madre, también. E incluso mi padre y mi hermano cuando estaba en el hospital. Pensé en Patrick diciéndome que era su amigo. Y pensé en Sam diciéndome que hiciera cosas. Para estar realmente allí. Y pensé sencillamente en lo genial que es tener amigos y familia.
Mientras estábamos en el túnel, no levanté los brazos como si volara. Solo dejé que el viento me corriera por la cara.
Y empecé a llorar y a sonreír al mismo tiempo. Porque no podía evitar sentir tanto amor como sentía por mi tía Helen por comprarme dos regalos. Y tanto deseo porque el regalo que le había comprado a mi madre por mi cumpleaños fuera muy especial. Y porque mis hermanos y Sam y Patrick y todos fueran felices.
Pero sobre todo, lloraba porque de repente fui consciente del hecho de que era yo el que estaba de pie en ese túnel con el viento corriendo por mi cara. Sin preocuparme de ver el centro de la ciudad. Sin ni siquiera pensar en ello. Porque estaba de pie en el túnel. Y estaba realmente allí. Y aquello era suficiente para hacerme sentir infinito.
Mañana empiezo mi segundo año de instituto. Y lo creas o no, no tengo ningún miedo de ir. No sé si tendré tiempo para escribir más cartas, porque podría estar demasiado ocupado intentando «implicarme».
Así que, si esta acaba siendo mi última carta, por favor, piensa que las cosas me irán bien, y que aun cuando no sea así, pronto se arreglarán.
Y yo pensaré lo mismo de ti.
Con mucho cariño,
Charlie."
Stephen Chbosky.
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