8 de marzo de 2013

Thoughts.

A veces el rencor nos ciega tanto, que no nos deja ver otra cosa que no sean los errores ajenos.
Hace mal. Nos hace sentir insuficientes, excluidos, incomprendidos. Pero ¿saben qué?
Una de las cosas que me enseñaron desde chica, es saber cuándo pedir perdón. Podemos vivir con todo el orgullo y rencor del mundo (tengan fe en que los mayores heridos somos nosotros mismos, los portadores de todo ese veneno), pero hay momentos en los que hay que bajar un poco las paredes y por sobre todo, aprender que no está mal ser vulnerables.
Hay que disculparse con aquellos a quienes lastimamos, sobre todo cuando son personas a quienes queremos. Porque, no olviden que son ellos quienes van a levantarnos cuando estemos en el suelo.

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Buenos Aires, Argentina
22, pisciana. Traductora en camino, proyecto de cantante. "I'll wreck myself and begin anew."

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