Como muchas otras veces, cambié mi forma de ver unas cuántos aspectos de la vida. En estos momentos me gusta pensar que todos llegan a nuestras vidas para enseñarnos algo. No lo digo por ser simplemente una frase común plasmada por todo Internet, sino por ser una verdad. De cada experiencia se puede sacar algo que aprender, ya sean buenos o malos momentos, relaciones duraderas, cortas o incluso fugaces.
Toda la gente que crucé a lo largo de mi vida me enseñó algo. Gracias a muchísimas experiencias aprendí cómo no quiero ser, qué ideales me interesa compartir y sostener, y qué es lo que quiero enseñarle a mis hijos si algún día tuviese una familia. Quizá este viejo amigo tenía que conocerme para enseñarme y ayudarme a corregir todas esas cosas que hoy puedo hacer bien, y también para enseñarme a ser mucho más cuidadosa con las emociones de las personas (todavía sigo aprendiendo, perdón). Seguramente vos, nuestra corta amistad y su evolución en el último tiempo, sirvieron para enseñarme a respetarme a mí misma, y aprender que las bases principales de la amistad son la aceptación, la tolerancia y el buen trato; ahora lo sé y sigo aprendiendo a decir basta cuando me descuido y permito que algo me haga mal. Incluso de las experiencias con profesores y/o directivos se puede aprender, gracias a ellos podemos ver cómo funciona una correcta ética de trabajo, o cómo debería hacerlo, según el caso.
Todos venimos haciendo este viaje por la vida con diferentes bases, cargas y aprendizajes, pero una cosa es segura: sólo vamos a hacerlo una vez. Antes me preocupaba todo el tiempo por planificar el futuro, mi futuro, con distintas versiones, opciones y finales. Si bien sigo planificando, ahora intento disfrutar de un día a la vez. Ahora sé que en lugar de renegar todo el tiempo contra la vida, contra mi entorno e incluso contra mí misma, tengo que dedicarme a disfrutar. ¿Por qué? Sencillamente porque la vida es una sola, porque cada día es un nuevo comienzo y porque las únicas cosas con las que nos quedamos son los recuerdos que creamos.
Hoy puedo decir que la felicidad de mis amigos me llena el alma, que soy feliz viendo a mi hermana crecer con una infancia distinta a la que yo tuve, que mis amigos me hacen totalmente feliz robándome carcajadas todos los días, y que disfruto de poder cuidarlos y devolverles lo que me dan.
Sigo aprendiendo, estamos todos en constante aprendizaje. No podemos corregir o modificar lo que ya vivimos, pero podemos asegurarnos de aprender y corregirnos siempre que podamos para no volver a repetir nuestros errores. Tampoco creo en un destino pre-escrito, lo que sí creo es que mi camino lo voy armando yo misma con mis elecciones y me enorgullece saber que de ahora en más es muchísimo más saludable.
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