John Locke
Aprender a agradecer y valorar los pequeños detalles de la vida cotidiana que subestimamos es lo que nos otorga otra pequeña dosis de felicidad diaria.
Hay que agradecer la dicha de poder tener virtudes (sin importar cuántas sean), hay que agradecer cada carcajada entre amigos, hay que estar agradecidos por haber sido capaces de sentir amor en algún momento de nuestras vidas (y ojalá que seamos capaces todos los días), tenemos que estar sumamente agradecidos de tener un techo y una cama caliente donde dormir y hacer lo posible siempre que podamos para permitir que cada vez más personas gocen de las mismas condiciones. Y la lista sigue y sigue, es inmensa.
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