Algunas veces vivo y otras veces,
la vida se me va con lo que escribo.
Algunas veces busco un adjetivo inspirado
y posesivo que te arañe el corazón, luego
arrojo mi mensaje. Se lo lleva de equipaje
una botella, al mar de tu incomprensión.
(...) Duermo y dejo la puerta de mi habitación
abierta por si se te ocurre regresar. ¡Más
raro fue aquel verano que no paró de nevar!
Y algunas veces suelo recostar mi cabeza en
el hombro de la Luna y le hablo de esa
amante inoportuna que se llama soledad.
Y algunas veces suelo recostar mi cabeza en
el hombro de la Luna y le hablo de esa
amante inoportuna que se llama soledad.
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